Hace unos años mi amigo Martín me arreglo una cita a ciegas con su sobrino favorito, que es también su único sobrino.
Las cosas arrancaron mal cuando le dijo a mi potencial enamorado que yo tenia cuerpo de “manequen”, con eso me tiro abajo de un 132 con fuelle, y lo note en la cara del pobre chico cuando me vio.
Nos encontramos por el centro a la salida de nuestros laburos y me invito a comer a un lugar vasco que hay en la avenida Belgrano. Si bien el no era Brad Pitt, era súper inteligente y nuestra conversación fluía a lo loco. Pedimos paella, a mi me copan los mariscos y nunca, pero nunca nunca me dieron alergia, hasta ese día.
Terminamos de comer, y con el postre en la mesa yo no paraba de rascarme, como era invierno tenia unas botas altas que no me podía sacar para rascarme le empeine, así que me pateaba buscando aliviar la picazón. Y el picor empezó a subir por las piernas, paso por el culo, por la panza y me ataco los brazos, ahí no pude mas y le confesé que me picaba todo, que quizás era por los mariscos, y el me contesto con un “ya se, tenes una cosa enorme en el medio de la frente”. Y la tenia, era como un cuerno colorado que crecía.
Se ve que lo asuste, por que paro un taxi y me arrojo adentro, cerro de un portazo y se quedo en la vereda. Nunca mas me llamo, y lo volví de ver al poco tiempo, yo venia por la calle mariconeando con la vacuna que me habían dado contra la rubéola y no dejaba de mostrarle el pinchazo.
Volví a comer paella sin consecuencias, quizas lo que me broto no fueron los mariscos.
Fe de erratas:
ResponderEliminarMi cita fue el primo de Martin, no el sobrino. Asi que no crean que Martin es matusalénico, es tan, pero tan joven que quizas el proximo año sea un Teen Angel.