El viernes pasado, mientras bebía cerveza con Silvita y Mery y repasábamos los limites de las resoluciones del año nuevo, tuve una epifanía, si, otra mas, la primera del 2010.
La cosa viene más o menos así: Sex and the City es a la mujer lo que la pornografía al hombre. Y puede sonar grosera en algunos momentos, pido disculpas a mis lectores católicos, que deben ser cero.
Yo soy de la idea de que la pornografía ha hecho mucho daño en la mente de los hombres. Por ejemplo, gracias a las pelis xxx los tipos creen que a las mujeres nos copa chupar pijas. Lo lamento amigos, alguien lo tenia que decir, lo hacemos de gauchitas, y cualquier gemido que escuchen no es de placer, es que nos estamos ahogando, o esquivando la nausea que nos da cuando el ave del amante golpea la campanilla.
Así como el porno ha hecho mella en la mente masculina, lamentablemente Sex and the City lo ha hecho en la femenina. Por culpa de esa serie nosotras creemos que podemos ser treintañeras, divinas, salir todas las noches y usar cosas grandes y/o extrañas en la cabeza, sin tener en cuenta que vivimos en Buenos Aires, donde desde el quiosquero hasta el muchacho de Cliba se cree con derecho a opinar de nuestro atuendo con un : de que te disfrazaste mami?
Aprovechemos que esta empezando el año y pensemos en que es lo que nos esta separando, acá va una idea. No será que al pornoadicto le da miedo agarrarnos de la cabeza cuando hacemos nuestra gauchada por que teme que nuestro tocado lo muerda?
Pensamiento aparte. Esta noche vienen los reyes, si este año quiero que me traigan un fato, en lugar de los zapatitos con pasto y agua, dejo tacos altos, una copa de vino y un poco de queso brie?
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